The Drowning Dog
The mural paintings that decorated the house known as “la Quinta del Sordo,” where Goya lived have come to be known as the Black Paintings, because he used so many dark pigments and blacks in them, and also because of their somber subject matter. The private and intimate character of that house allowed the artist to express himself with great liberty. He painted directly on the walls in what must have been mixed technique, as chemical analysis reveals the use of oils in these works. The Baron Émile d´Erlanger acquired “la Quinta” in 1873 and had the paintings transferred to canvas. The works suffered enormously in the process, losing a large amount of paint. Finally, the Baron donated these paintings to the State, and they were sent to the Prado Museum, where they have been on view since 1889.
This scene decorated one of the walls alongside the door of the upper floor. The dog's head appears behind a large area of color which Goya didn't define. He is in front of an empty and naked space and looks forward toward something or someone outside the composition. This piece has been related with the idea of the inevitability of death and is, beyond doubt, the most enigmatic of the Black Paintings. Despite the multiple explanations offered by art historians, these works continue to be mysterious and enigmatic, yet they present many of the esthetic problems and moral considerations appearing in Goya's works. The mural paintings from “la Quinta del Sordo” (the Black Paintings), have been determinant in the modern-day consideration of this painter from Aragon. The German Expressionists and the Surrealist movement, as well as representative of other contemporary artistic movements, including literature and even cinema, have seen the origins of modern art in this series of compositions by an aged Goya, isolated in his own world and creating with absolute liberty.

Perro semihundido
El conjunto de catorce escenas al que pertenece esta obra se ha popularizado con el título de Pinturas Negras por el uso que en ellas se hizo de pigmentos oscuros y negros y, asimismo, por lo sombrío de los temas. Decoraron dos habitaciones, en las plantas baja y alta, de la conocida como Quinta del Sordo, casa de campo a las afueras de Madrid, junto al río Manzanares, conocida por ese nombre antes de su adquisición por Goya en 1819. Se conocen fotos del conjunto in situ, realizadas hacia 1873 por el fotógrafo francés Jean Laurent (1816-1886), y se incluyeron por primera vez en el catálogo del Museo del Prado de 1900. La casa fue derribada hacia 1909. Las Pinturas Negras se pintaron directamente sobre la pared seca, no al fresco, y en la mezcla de los pigmentos se utilizó el óleo. Con anterioridad, en algunos de los paños de los muros, en ambos pisos, hubo otras escenas de difícil interpretación, posiblemente paisajes de colorido claro con pequeñas figuras, puestas de manifiesto por las imágenes radiográficas tomadas en el Museo del Prado en 1983.
Esta escena se tituló "Un perro", en el inventario de las obras en propiedad del hijo de Goya, redactado en fecha indeterminada, a mediados del siglo XIX, por el pintor Antonio Brugada (1804-1863), que regresó a Madrid en 1832 del exilio en Burdeos. Se describió, y en este casó se ilustró, por primera vez, junto con el resto de las escenas, en la monografía de Charles Yriarte sobre el artista, de 1867, con el título de "Un perro luchando contra la corriente". Decoraba una de las paredes laterales en la sala de la planta alta de la Quinta del Sordo, junto con una escena titulada "Dos brujas", atribuida por Yriarte a Javier Goya, adquirida más adelante por el marqués de Salamanca y en la actualidad, no localizada. No la describe P. L. Imbert en su libro Espagne. Splendeurs et misères. Voyages artistique et pittoresque, de 1876, que visitó la Quinta en 1873, antes de su adquisición por el barón Émile d´Erlanger. En el catálogo del Prado de 1900, se le dio el título de "Perro semihundido".